Wednesday, April 12, 2006

Oremos

El Padre Antonio no tardó mucho en exigir a los fieles que acudieran a orar a la Iglesia al menos tres veces al día y organizó una vigilia masculina para el viernes. Pero todo fue inútil.

Cuando aparece lo inexplicable, lo sobrenatural, el poder civil cede su puesto al espiritual, la tierra se supedita al cielo, y el alcalde al cura. Pero ni el Padre Antonio con sus plegarias y rituales pudo hacer que amaneciese.

El desánimo y el sentimiento de culpa invadió a los habitantes de Vera, hasta que uno dijo en voz alta: ¿Y habrá oscurecido también en el pueblo de al lado?